Rollingstone- Se abrió el telón y un haz de luz marcaba su silueta orgullosamente curvilínea. En un power-walking con la fuerza de un camión a 180 km/h, Beyoncé emergió de la bruma para cantar su primer hit solista "Crazy In Love". Desde ahí quedó claro que la ex Destiny´s Child, símbolo sexual y diva máxima de la música pop urbana, subió en modo Sasha Fierce, el incandescente alter-ego que plantea I Am..., el disco que la trajo por primera vez a la Argentina. El show, que llegará a Chile el domingo, está potenciado por incontables efectos visuales, con proyecciones y luces que intervienen en cada pasaje. Pero por cada truco tecnológico, el espectáculo posee un elemento orgánico old-school que le da la fuerza sanguínea que tiene su cóctel musical negro: R&B, funk, soul y hip hop. Hay ocho bailarines, una banda completamente femenina con percusionista, sección de vientos, dos bateristas, dos tecladistas, guitarrista y bajista, más las exuberantes coristas XL, The Mammas. Todos tendrán su ratito de protagonismo, en los momentos que B corre tras bambalinas a transformarse con los diseños del célebre Thierry Mugler, vestuarista, asesor artístico y médula estética del show. La cita fue en el Hipódromo de San Isidro, y la disposición elegida para el escenario, las plateas y el campo se vivió como un desacierto para los que pagaron el precio mínimo, de 150 pesos, que vieron el escenario con dificultad. El resto, a pesar del valor de las entradas (¡superiores a las de Madonna en sus shows en River!), definitivamente hizo un buen trato.
14 de febrero de 2010
Beyoncé reinó en Buenos Aires
Rollingstone- Se abrió el telón y un haz de luz marcaba su silueta orgullosamente curvilínea. En un power-walking con la fuerza de un camión a 180 km/h, Beyoncé emergió de la bruma para cantar su primer hit solista "Crazy In Love". Desde ahí quedó claro que la ex Destiny´s Child, símbolo sexual y diva máxima de la música pop urbana, subió en modo Sasha Fierce, el incandescente alter-ego que plantea I Am..., el disco que la trajo por primera vez a la Argentina. El show, que llegará a Chile el domingo, está potenciado por incontables efectos visuales, con proyecciones y luces que intervienen en cada pasaje. Pero por cada truco tecnológico, el espectáculo posee un elemento orgánico old-school que le da la fuerza sanguínea que tiene su cóctel musical negro: R&B, funk, soul y hip hop. Hay ocho bailarines, una banda completamente femenina con percusionista, sección de vientos, dos bateristas, dos tecladistas, guitarrista y bajista, más las exuberantes coristas XL, The Mammas. Todos tendrán su ratito de protagonismo, en los momentos que B corre tras bambalinas a transformarse con los diseños del célebre Thierry Mugler, vestuarista, asesor artístico y médula estética del show. La cita fue en el Hipódromo de San Isidro, y la disposición elegida para el escenario, las plateas y el campo se vivió como un desacierto para los que pagaron el precio mínimo, de 150 pesos, que vieron el escenario con dificultad. El resto, a pesar del valor de las entradas (¡superiores a las de Madonna en sus shows en River!), definitivamente hizo un buen trato.
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